Alocución radial del Arzobispo de Corrientes, Mons. DOMINGO S. CASTAGNA
DECIMO OCTAVO DOMINGO durante el año.
5 de agosto de 2007.
Lucas 12, 13-21
1.- Insensato. ¡Cuán frágiles somos! Perecen los más fuertes. Hoy lo tienen todo: salud, fortuna y futuro y, al instante, sucumben por un infarto masivo o un grave accidente. Muchas ilusiones se tronchan en ese instante, muchos proyectos y posibilidades. El texto bíblico que hemos leído hoy ofrece uno de esos casos. Aquel afortunado poseedor de bienes, a quien los negocios le van muy bien - hasta tener que ampliar sus graneros - es un ejemplo impresionante. Jesús denomina “insensatez” a la seguridad puesta en los bienes materiales, incluidos otros valores fácilmente disipables como la juventud, la belleza y el predominio político. Pero los hombres no acabamos de aprender. Todo parece estar orientado a no pensar, a instalarse definitivamente sobre la fatuidad de lo transitorio. El insensato de la parábola lo expresa de esta manera: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”. (Lucas 12, 18-19) El párrafo siguiente es de un impresionante y trágico realismo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?” (v. 20)
2.- Vivir con seriedad y responsabilidad. No se es “aguafiestas” cuando la reflexión gira - en algunos momentos de la vida – en torno a temas dramáticos y reales. A los jóvenes se les acaba el tiempo de la vida, como también, y normalmente, a quienes la misma naturaleza les está indicando que el fin se aproxima. Únicamente un claro concepto de la vida trascendente logra iluminar el sendero, a veces oscuro, de los acontecimientos humanos. La fe religiosa - cristiana o no cristiana - asiste a quienes la profesan para discernir temas de tanta gravedad como la vida y la muerte. La vida debe ser vivida con seriedad y responsabilidad. Huir de sus desafíos es tan desacertado como cometer la insensatez del hombre rico de la parábola. En el transcurso de nuestra historia nos ocultamos la verdad cuando nos negamos a descubrirla en sus fuentes genuinas. Para los cristianos la fuente principal es Cristo. Él mismo se ha autocalificado, con honestidad y legítima autoridad: la VERDAD…. la que procede del Padre, para auxiliar al hombre confundido y recomponer la unidad en sus relaciones con Dios, con los demás seres racionales y con el mismo Universo creado. De esa manera, en base a la armonía entre la voluntad de Dios y la libre voluntad de las personas, se puede restablecer la paz.
3.- El único Camino. Es lo que buscamos desde lo más íntimo, aunque recurramos equivocadamente a medios contrarios a la paz. Es preciso remover el obstáculo principal - el egoísmo - y activar la capacidad de conducir nuestro comportamiento por el único Camino señalado por el Padre: CRISTO. En Él se hace posible lo que en apariencia resulta inalcanzable. La experiencia cristiana - de veinte siglos - así lo confirma. De esa manera se despliega un panorama de futuro más claro y alentador. El Evangelio anunciado a los pobres, según las profecías mesiánicas, requiere la escucha humilde de un pueblo receptor. Allí está el secreto del cambio. De otra manera el mal seguirá enseñoreado de la vida de las personas y de las comunidades. ¿Qué está pasando hoy en las expresiones de una sociedad que rechaza a Cristo y a sus testigos? Prevalece la envidia, la mentira, la traición, la maledicencia, el odio y la violencia. Inútilmente hurgamos en los proyectos más lúcidos y prometedores. No hay plan que valga sin la expulsión del “hombre viejo” y la instalación pacífica del “hombre nuevo”. Las apariencias engañan y - con dolor lo comprobamos - se vive de apariencias. La verdad sufre persecución y muerte por parte de los irresponsables de turno. Somos lo que somos ante Dios o nuestra vida es una trágica simulación.
4.- Incomodidad de la Verdad. Jesús es la Verdad que necesitamos aprender para ser verdaderos. Un contacto personal con su palabra y con su Espíritu logra la transformación avizorada todavía como un sueño irrealizable. La fe, que es consecuencia del encuentro con Cristo, causa el acceso a la gracia de esa transformación. Debe ser un encuentro real con el Señor, acogido con honestidad por las personas e identificado, también por ellas, como una respuesta generosa y humilde. El Señor entiende que su misión no es “juzgar sino salvar”. La Verdad, expresada en su divina persona, juzga el mal y redime del mismo a quienes se adhieren a Ella. Por ello es preciso recibirla en el corazón y dejarla fructificar, como semilla en tierra fértil. Sus legítimas expresiones humanas son incómodas para la cerrazón sistemática adoptada por muchos pobres hombres y mujeres de nuestro tiempo. Será trabajo arduo persuadir para que se produzca una apertura que desmonte la mencionada cerrazón. Es necesario emprenderlo y proseguirlo con empeño; demandará selectos esfuerzos y la esperanza activa de que “para Dios no hay imposibles”. Advierto los encomiables esfuerzos - por parte de buenos ciudadanos y profesionales - por neutralizar el contagio mortal de la droga y del alcohol. Toda la población debe apoyar tales iniciativas y crear, en el espacio de la propia responsabilidad, las condiciones adecuadas para ese desmontaje y la consecuente salud. El mal - de la drogadicción y el alcoholismo - se vuelve más virulento en la temprana edad de la niñez y de la juventud.
5.- Función social de los bienes. El hombre rico de la parábola no imaginó sus bienes, golosamente atesorados, en función social: “Diré a mi alma, ¡date buena vida!”. ¿Qué pasa con los millones de inocentes que perecen de hambre y de injusticia? ¿Quién los asistirá ordenando la sociedad y abriendo un acceso solidario para que participen de los bienes de todos? Es misión de los responsables de la sociedad - políticos, economistas, educadores, ministros religiosos, agentes de los medios de comunicación etc. - poner las cosas en su lugar. De otra manera, al final del tiempo acordado aparecerá el Señor: “¡insensato! ¿Qué harás con todo lo almacenado si no lo pones al servicio de tus hermanos?”.